En la obra de Elsa Caymes la naturaleza se libera desde una abstracción que la hace una realista de ideas; esa idea abstracta se vuelve tan real que se puede tocar, respirar y ver; llega a las profundidades del abismo, donde las rosas y las espinas se proyectan desde el lugar del que descubre.
Va de la suave delicadeza de las texturas hasta el volumen, con firmes pinceladas que indican lo preciso, la elevación, las formas inconscientes de la abstracción vueltas realidad. Su obra invita a sumergirse en el misterio para no querer descubrirlo nunca, sino gozarlo, deslumbrado el espectador por esa perspectiva aérea tan bien concluida que se vuelve mágica.
En su obra la realidad y la fantasía se vuelven una sola verdad. El deseo de ahondar en la intimidad del misterio convierten a Elsa Caymes en una buscadora incansable de la recreación y los sentimientos profundos.

Daniel Oddone

(Arte y Vida, Buenos Aires, noviembre de 2000, Año 1, Nº 3)